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Aquí la muá ///// 10

Porque ser puta es mejor que ser español

 

Ya sé que, como soy puta y vivo al margen de la ley, en el Parlamento nunca se acuerdan de mí. No me quejo. No es una injusticia. No. Que no me venga nadie intentando cambiar el mundo. Las putas estamos bien así. No hay servicios sociales, bueno. Mal está, pero no es un drama. Tampoco se meten en mis precios que me importa más. Y es  que a mí me gusta negociar cara a cara con la clientela. Me consigo un poco de comercio justo y, además, me evito que me hagan el truquito del trapo rojo.

 

Ya sé que cobrarle a la gente según la cara que tenga muy justo no parece. Pero como en mi negocio decido yo, a la justicia no le hago ni caso. Ni la oferta y la demanda, ni plusvalía y ni al mercado laboral. Para los demás no sé cómo será, pero para mí no es lo mismo trabajar con un cliente dispuesto a colaborar que a un vago que me pide hasta zapatillas de andar por casa. Seamos serios, hombre.

 

A mí, si me encuentro con uno de estos, le pongo precio de medio millón para que se largue. Sin discutir. Si no se da cuenta de que no está alquilando un cd, yo no puedo hacer nada. Ya lo intenté una vez, cuando estaba de prácticas y sólo llevaba una semana en el negocio. Me vino uno que se tumbó boca arriba, indiferente, como si estuviera un chiringuito de playa. Y si eso hubiera sido todo, bueno y pase. Pero a la hora de pagar me vino con que si la crisis, el paro y la falta de dinero, como si estuviéramos negociando el precio de una tinaja en la cueva de Alí Babá. No me llevó al huerto. No. Me apresuré a darle la razón con un ágil “a mí me lo va a contar, tres hijos que tengo que mantener y fíjese lo que se ve una obligada a hacer porque el marido ha perdido el trabajo” que salpiqué con unos “oigauté”, “jate oo mala que tá la vida”, un poco a lo  Fortunata de Galdós por divertirme. Por eso y porque yo también tengo mis recursos.

 

Pues no paró ahí la cosa. No. Todavía quiso despistarme cambiando de tema, sacando a  colación al gobierno, los catalanes, los impuestos y hasta los economistas norteamericanos. ¡Intentar torearme a mí, que soy de barrio, con cuentos de malos-malotes! Me sacó de mis casillas. Un poco de cultura cívica, hombre, de respeto a las tradiciones. Tampoco se pide tanto. Si te entretiene cabrear a un ser vivo, te vas a las Ventas con traje de luces, no de putas. ¡Ni que estuviéramos en una negociación del mercado laboral! No señor. No faltaba más. Yo soy puta. Ni española, ni catalana, ni francesa, ni checoslovaca, ni inglesa, ni alemana. Puta, que es más universal.

 

No lo pude remediar. Agarré el palo antes de que saliera por pies –ya empezaba a moverse hacia la puerta, el muy gañán - y de allí no se movió hasta que hubo aflojado lo acordado. A mí con truquitos. Como si no supiera tratar a un sinvergüenza. Mejor que Bruce Lee. ¿A qué se creerá esa gente que viene tener una escoba tras la puerta de casa y una barra en el coche? ¿Al folclore?

 

[Aquí la Muá I]

 

Alicia C. Muiña - Jueves, 3 de Junio del 2010
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