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Correspondencia


Hola:


Esta carta es para ti, pero no sé muy bien si eres tú quien la va a leer, igual que el que escribe no es el mismo que conocías...

Tantas cosas cambian de un día para otro, tantas cosas se olvidan, o mejor aún, no se quieren recordar...


Lo primero que quiero decirte es que te echo de menos... No sabes cuánto... Todos los días me levanto pensando en ti, en cómo era vivir contigo, qué se sentía; recuerdo momentos de acción, y otros de silencio.


La mañana, el despertar, resulta ser un ritual de lo más dulce, a la vez que doloroso, muy doloroso...


La segunda cosa que quiero escribirte es que quiero dejar de echarte de menos... Tu existencia en mi cabeza ya no tiene sentido ni objetivo en mí. Es algo tan frío, tan ajeno, tan del pasado...

 

Recordarte sólo me trae la sensación de no avanzar, de atascarme, de dar vueltas en la espiral en que se convierte cada pensamiento sobre ti, vuelves al principio sin haber llegado al final... ¿final? ¡qué estupidez! ¡como si esto tuviera final! ¡como si la meta fuera importante y no el camino!


Lo tercero es que espero quedarme con los buenos momentos que tu existencia me ha regalado. No han sido pocos la verdad, y algunos han sido sencillamente impresionantes y fantásticos... jamás sentí lo que sentí... llegando incluso a confesar entre dientes y en silencio que "vivo por ti"... Esas miradas y esas palabras que tú me has enseñado...


No quiero olvidar nunca la sensación de estar mojándome con mis propias lágrimas de felicidad... tampoco olvidar el mojarme de lágrimas de tristeza... No las cambiaría por nada, aunque ya no estén, aunque sólo hayan existido en otro tiempo... su existencia me enseñó el valor de llorar, de sentir, de saber que dos más dos no son cuatro...


Lo cuarto es que quiero que tú te quedes con lo malo. Sí, ya lo sé, es egoísta... pero, ¿quién no es egoísta cuando los recuerdos son cuchillos afilados? ¿quién no cedería los dolores en el estómago?


No, no soy un angelito de la caridad, por eso te regalo lo malo, ¡cógelo!, yo no lo necesito más... No puedo llevar esa mochila allá donde voy, allá donde quiero ir.


Por quinto punto, y éste no tiene reverso ni sexto al que mirar, me gustaría decirte que te vaya bien, que disfrutes en otras cabezas, que regales momentos, que escupas vida, que salpiques lágrimas, que irradies vitalidad, que se escuchen tus palabras y se noten tus acciones, que no pierdas nunca el olor que llevas impregnado)... que gracias por enseñarme tantas cosas y que te deseo lo mejor, allá donde estés... y que no entristezcas jamás... vales más que la mayoría de ideas de este mundo, aunque seas lo que seas, aunque yo sea lo que soy, aunque el mundo sea como es...


Adiós Idea, en el recuerdo, y sólo en él, seguiremos viéndonos.

David T. 09/05/2006

David T. - Domingo, 22 de Marzo del 2009
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