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Hilanderas
Aparente

escrito por Creaktivity

 
 
Era domingo y allí estaban, como todos los fines de semana, dando un paseo rutinario que seguramente le hacía sentir que era buen padre. Pero con una cría de catorce años, el hábito era más que forzado. Se veía enseguida: ella siempre caminaba unos pasos por detrás. Él a veces andaba más despacio, o se daba la vuelta a ver si se acercaba. Esa debía ser la historia de su vida, esperar a verlas venir.

 El último fin de semana que les vi, se notaba que ella estaba enfadada. No dejaba ni que le pusiera una mano en el hombro. Era una chica con mucho carácter. Isa, se llama. Yo le había oído a él decir su nombre varias veces, cuando ella se alejaba después de alguna reprimenda, llamándole pesado. Se notaba que eran dos personas en una situación obligada, como si sobraran en el parque. Pero no me habría fijado demasiado en ellos si no llego a ver esa marca parecida a un símbolo indígena que tiene en las caderas. Las jóvenes llevan pantalones muy bajos en esta época. Eso era otra cosa que a él le molestaba, saltaba a la vista. Era un padre demasiado joven, pero tenía que aparentar disciplina. De poco le valía.

Llevaba muchos fines de semana observandoles. Me sentaba en el banco de la entrada del parque y les veía llegar, cada domingo con su ritual, como si eso fuera a unirles. La verdad es que me divertía viendo los esfuerzos que hacía por hablar con ella de cualquier cosa, y no le salía bien. «Vámonos ya… pesado», «vámonos ya… pesado», todo el día así.

Nunca se fijaron en mí. Ni siquiera me miraron ni una vez de reojo, supongo que no iba vestido de la forma tan normal que hace que existas para los demás. Él sí. Él llevaba su elegante cazadora de padre, y sus zapatos de padre. Y sí miraba a los que iban vestidos como él. Ese día, cuando me acerqué, me miró y bien. Ya lo creo. Se quedó pálido y no podía poner la vista en ningún otro sitio en cuanto vió mi marca de nacimiento, parecida a un símbolo indígena. Cuando pudo hablar, solo comentó que Isa tenía un padre de verdad. Ella estaba aparte, pasando de él como siempre, con ese gesto de no importarle nada de nada. Yo le iba a contestar, le quería decir todo lo que pensaba de él y de su farsa. Pero ella nos miró. Por primera vez noté preocupación en su cara.

Me marché. Me alejé del todo. Mientras andaba, estaba seguro de que él seguiría ahí parado, sin afrontar la situación, muy asustado.

Solo me volví cuando ya no me veían y pude ver cómo Isa le ponía la mano en el hombro. A lo mejor, por una vez, he hecho algo por ella. Seguro que cuando se acercó no le estaba llamando pesado como siempre, creo que en ese momento le estaba diciendo «Vámonos ya… Papá».

 

Creaktivity/dic07 - Viernes, 6 de Marzo del 2009
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