
Ya no me preocupa. Es como si hubiera estudiado una lección hace tiempo y ahora, con un simple repaso, tuviera los datos recientes y todo muy claro. Es un cambio sentirse así, ya está todo demostrado, ya no hay que poner más veces la maldita solicitud entre las manos huesudas de esa mujer seca de la antesala que ha sido mi pesadilla durante años. Meses de preparación cada vez, pensando siempre que no había olvidado nada, que había rellenado con pulcritud y eficiencia cada apartado, para encontrarme a la hora de la verdad con que no conseguía pasar su filtro.
- ¿Pero qué le cuesta dejarme pasar? Si es un detalle tan pequeño que no se notará.
- De eso nada, ¿ es que no se da cuenta de cómo lo controla todo la policía?, Pues ¿Y Sanidad? Me dan ustedes risa, nadie parece saber cómo son de escrupulosos los de Sanidad.
Entonces, yo intentaba alguna artimaña. Qué difícil con aquella mujer de ojos hundidos bajo la línea de sombra que dibujaba su única idea: el cumplimiento estricto de la normativa vigente en materia de viajes al otro lado.
- Mire, llevo practicando desde que me acuerdo, siempre he sabido que este era mi destino; le aseguro que voy a hacer un buen papel al otro lado, que nadie notará nada. Fíjese, ahí lo pone bien claro: domino las técnicas de respiración de los faquires y aprendí a levitar hace años, también dejé de comer en la pubertad y Sanidad lo etiquetó como anorexia. Fíjese, también mi piel es muy pálida.
Le decía yo, poniendo la cara más inocente que se pueda imaginar, mientras torcía un poco el cuello para que viera mi desvalimiento.
- No puedo volver, ¿no lo entiende? Ya he firmado la carta de renuncia.
- Pues se ha precipitado. Lo siento, pero el apartado “experiencia” está muy flojo.
Otra vez con la experiencia, creí que con el tiempo eso dejaría de ser un problema.
Pero yo seguía intentándolo -es mujer al fin y al cabo, pensaba, algo de piadoso habrá en ella - a pesar de que los huesos de sus codos me decían que era imposible, que en ese esqueleto no cabía ni siquiera el aire.
- Cambie mi puesto por el de otra persona, seguro que hay alguien que se quiere quedar aquí.
- Ya le he dicho que no puede ser, vuelva usted mañana.
Mañana. Menuda palabra. Si las hay engañosas y retorcidas esta es la que más.
- ¿Cómo voy a volver mañana, si mañana no existe?
Entonces ella iniciaba una mueca con forma de sonrisa sarcástica y marcaba de color rojo, con una pequeña “v” en la que rama derecha era más larga y elegante que la izquierda, otro de los apartados en el que ponía “inteligencia creativa”, me miraba desde abajo, inclinaba un poco el cuello para parecer humilde y susurraba como deben hacerlo las serpientes: gracias, no me había dado cuenta de que esta cifra en su expediente también es poco armónica.
- ¿Poco armónica?, ¿Qué quiere decir eso?
Sin terminar de pronunciar aquellas palabras ya me había dado cuenta de mi error, ella ya estaba marcando y marcando, una detrás de la otra, varias celdas consecutivas con la pequeña uve roja descontrolada, mientras hacía como que leía para sí misma:
- Comprensión oral; razonamiento lógico; dominio de la situación; asertividad...
Entonces yo cogía la solicitud con dos dedos y se la quitaba de delante antes de que pareciera el paseo militar de una bandada de pájaros por arena húmeda.
Una y otra vez esa mujer extravagante se ha reído de mi deseo.
Entre solicitud y solicitud me he mantenido en acción aumentando mi cómputo de razones para querer irme de aquí. He hecho jerséis de cachemira en el sótano de una fábrica de tallarines en China; he sido mujer en una tierra pobre, le di la mano a Hillary para subir al Everest; sembré una vez un campo de amapolas y otra vi como unos hombres se comían a un animal. Fui sirviente de los que hicieron añicos el tótem de mi tribu. He caminado entre ruinas de alambre y me he muerto de mil maneras mientras esperaba.
Ya no voy a solicitarlo más, lo haré a mi manera. Esta noche sin luna, cuando ya estén cansadas las dos farolas flacas del final del puerto y sólo den sombra, me acercaré al agua, me apretaré contra el miedo para vaciarme hasta del aire y ocupar poco espacio en esa barca atestada.
Para que se sepa el motivo de mi desaparición, dejaré como carta de despedida la última solicitud de emigración denegada.