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Hilanderas
Espacio incómodo

Escrito por Creaktivity

 
 
Entre los ojos de Marga y el techo apenas hay hueco. Sabe que es cilíndrico porque vio la forma al introducirse en la cabina. Las piezas que sujetan su cara por ambos lados le reducen el campo de visión y eso le inquieta. Ya se había sometido antes a una resonancia, pero hacía mucho tiempo de aquello.

Esta vez todo le llama la atención. Por encima de su cabeza no alcanza a ver más que una línea de vidrio encendido. El resto del tubo tiene que imaginárselo.

-Parece que estoy en una peli- piensa quitándole importancia.


Los enfermeros le habían indicado que permaneciera inmóvil.
- No se mueva bajo ningún concepto- ordenaron.
- ¿Cómo voy a aguantar veinte minutos sin moverme?- se dice. Aunque debía ser fácil a juzgar por el hábito mecánico de los técnicos, que metían a un paciente detrás de otro, con esa inercia del que sabe que nunca hay imprevistos.

Pero dejaron en su mano un timbre de emergencia, para sacarla inmediatamente si avisaba.
- Me han acercado el timbre con tanta dejadez que deben creer que está de adorno- opina.

Ahora, intenta contar sonidos mentalmente;
- Tac - tac - tac- enumera para relajarse.

Observando fijamente el cristal luminoso, se pregunta si será dañino tener los ojos abiertos. Al fin y al cabo, ignora si se emiten radiaciones por ahí o por algún otro lado.
- Si advierten sobre marcapasos o prótesis, va a ser que esto es radiactivo- piensa ella.

No ha recibido indicaciones detalladas acerca de lo que tiene que hacer, así que empieza a incomodarse. Desconoce el sistema de una resonancia de contraste, de forma que valora una y otra vez si habrá omitido algo que pueda provocar reacciones adversas.
-Tac - tac - tac - tac - Tac - tac- insiste, como mecanismo de evasión.


Por un momento, se acuerda de la cremallera de su falda y se altera todavía más. Había consultado si se desvestía, y contestaron con una negación seca. Pero sí le mandaron que se despojara de cualquier pieza metálica. Así que en este momento se pregunta si debió quitarse la falda. Recuerda que, en varios controles de seguridad en aeropuertos, tuvo que sacarse las botas porque llevaban cremallera, y empieza a calcular, automáticamente, qué puede ocurrir por tener algo así pegado a un cuerpo que está siendo irradiado.

- ¿Por qué no me han explicado bien las condiciones antes de comenzar? seguro que si fuera una niña sí se tomarían la molestia- imagina indignada.
- Creen que por ser adulta tengo que estar en todo.

- Tac - tac - tac - tac - Tac - tac - tac - tac- memoriza mientras recuerda que está en un espacio en el que sólo caben sus hombros.


Entonces, repara en que no está segura de haberse quitado todas las horquillas.
- ¡No puede ser!

Cuando le pidieron que dejara los metales, quiso hacer gala de humildad, y con apenas un par de toques en el cabello, acabó enseguida; Así mostraba que es de las pocas mujeres que no llevan joyas ni abalorios decorativos. Con lo que no contaba era con que nadie supervisara si lo había hecho bien.
- ¡Como si fuese una tontería la exploración!- se queja.
Y se imagina lo dañino que tiene que ser sufrir radiación en una pieza junto al cerebro.

Mientras se plantea pulsar el botón de emergencia, hace esfuerzos por concentrarse en su pelo, a ver si nota elementos extraños. Y su mano tiene impulsos de tocar la cabeza y comprobarlo. Pero no puede hacer eso; le aseguraron que si se movía, se perdía información. O peor, inutilizaría el proceso por completo.

Repentinamente, se convence de que ha de usar ese timbre con decisión y poner fin al peligro. Aunque le preocupa que la saquen y no haya nada en su pelo. Además, los veinte minutos deben de estar acabando. Pero deducir el tiempo que lleva le hace sentirse aún peor. Y le da por pensar que ahí dentro llega difícilmente el oxígeno.
- Tac - tac - tac - tac   - Tac - tac - tac - tac   - Tac - tac - tac - tac.
- ¿Por qué no he apretado el maldito timbre en cuanto caí en lo de las horquillas?

Desespera. Le desbordan los nervios, hasta que definitivamente lo pulsa.

Una voz virtual pronuncia:
«Margaret Reel: Proceso concluido», mientras la mesa de exploraciones se desplaza, dejándola libre de la cápsula.

Con la luz neón-blanca en el exterior, van apareciendo las dos batas de quienes no disimulan un gesto de reproche.

- ¡Tengo metal en la cabeza! ¡En la cabeza!- les dice en alto.

Uno de los hombres, resopla entornando los ojos y se dirige a ella con una paciencia cansada y reincidente:
- Siempre sale usted con la misma historia después de la hibernación, Capitana Reel... ¡Que no hay ninguna horquilla, por dios! que ha dormido los veinte meses sin problema y su estado es plenamente satisfactorio.

- ¡Todas las veces el mismo numerito!- dice con resignación el otro compañero de nave.

 

Creaktivity/mayo07 - Miércoles, 4 de Marzo del 2009
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